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José María Siles, corresponsal de TVE en Alemania, horas después de la caída del muro de Berlín.
10.11.1989. 10:10 am.
Hace ocho horas ha caído el Muro de Berlín. Estas imágenes, rodadas por un equipo de TVE, muestran a cientos de miles de alemanes del otros lado pisando por primera vez Berlín-Oeste en busca de la libertad. Por unas horas, Berlín Oriental se queda literalmente vacío.
Una empresa de supermercados del Oeste regala tabletas de chocolates a los alemanes del Este, al pie del Muro. Estamos en la Bernauerstrasse donde tantos habían muerto intentado saltar el Muro.
Nos gusta decir que si el Muro de Berlín cayera esta noche, nosotros ya estaríamos allí. En 1989, yo era corresponsal de Televisión Española en Alemania, en Bonn, pero habíamos desplegado un operativo en los dos berlines y por eso fuímos los primeros en llegar. Incluso antes que la televisión alemana, que luego utilizaría nuestras imágenes en el espléndido y exhaustivo reportaje sobre las horas que precedieron a la caída del Muro: “Als der Mauer fiel”, ARD, 1999.
Hemos recuperado la secuencia de la Bernauerstrasse porque no hacen falta palabras para describir esos momentos históricos que cambiaron Europa y el mundo. Van a ver, entre estas imágenes sin montar las distintas versiones de la ‘entradilla’ que utilizamos ese 10 de noviembre de 1989 en la crónica del telediario de las 3 de la tarde.
No puedo ocultar la ‘empanada’ de 36 horas sin dormir ni el escalofrío de vivir momentos irrepetibles. Siempre digo, que aquella noche en Berlín pude vivir los momentos más hermosos de toda mi vida de corresponsal. Lo que pregunto al cámara (en alemán) es si está viendo el muro. Luego insisto, en plan surrealista, en si está grabando cómo pasa la gente; y por fin, si no estará muy cerca la cámara. En otro momento de la entradilla tenemos que volver a empezar porque hablo en diagonal, mirando al micro.
No voy a desvelar ningún secreto. Cuando los corresponsales de televisión hacemos crónicas para el telediario, la ’entradilla’ no suele salirnos a la primera: hay que repetir (y repetir) y muchas veces grabamos auténticas burradas, que evidentemente nunca salen al aire.
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